El sentimiento otoñal, y el color de las hojas.

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En los otoños del sentimiento , me pregunto. ¿De qué color se tornan las hojas de la vid ?
Por veces se vuelven un color tierra , un ocre, con matices hacia el naranja e incluso el dorado, pero al mismo tiempo, la hoja  se torna morada, magenta, con arrugas y surcos, con cierta nostalgia hacía el sol irradiante del verano.

Finalmente, completamente dorada, se desprende ayudada por el viento otoñal…

Me desprendo …
¿Por qué me invade un sentimiento como el color de las hojas de vid?

 

Y aquí comienza una pequeña historia sobre mí mismo , nunca antes compartida…
Una mañana, todo cambio… del dulce despertar con aroma de cacao hacia  la rigidez del babi de preescolar, con tonos azules y a raya. Tenía cinco o cuatro años. Recuerdo muy bien la sensación, la que  me permitía viajar al mundo entre los sueños y la realidad, recuerdo muy bien el olor a lluvia, a tierra mojada.
Literalmente, en aquel año de mi inicio en preescolar y por suerte en muchos años posteriores, me salvo el patio del colegio público: Era de tierra, sí, un patio de recreo de tierra sin asfalto. Recuerdo saltar de palmera a palmera como sí solo existiese yo en aquel lugar rodeado de niños.Solo yo,  en un patio de colegio, a la hora punta del griterío entusiasta y libre del recreo, en el recreo me CREO.
Pasaba todo el tiempo solo en el patio, pero ni me sentía solo ni estaba solo. La soledad es un sentimiento relativo para el que la observa y salvador para el que la experimenta, al menos en mí caso, en aquel periodo de mi vida, cinco años ¿La soledad un sentimiento salvador para el que lo experimenta ?
Recuerdo la intensidad  sentida en mi piel y corazón, eso que “Daniel Stern” pinta  como sentimientos de la vitalidad del afecto y que va más allá de nuestra concepción en categorías de las emociones.

Evocando el recuerdo puedo experimentarla mientras escribo; el contacto íntimo con mi “self”, uniendo en un puente arcoiris aquel momento hace 36 años y este instante presente.
La profundidad de mi experiencia sentida en el patio del recreo, como una estrella latiendo dentro de mí, con sus pulsar, CON CINCO AÑOS ME TRANSPORTABA A ESE LUGAR DONDE NACEN LOS SUEÑOS, DONDE LOS DELFINES NADAN JUNTO A LOS HUMANOS.
En años posteriores mi madre me contó, como me estuvo observando durante meses en preescolar jugar solitariamente en el patio, saltando entre charcos, cogiendo lombrices y callado,muy callado, sin relacionarme con otros niños. MUTISMO SELECTIVO Y REPLEGAMIENTO. Su significación ante esta experiencia, me refiero al significado atribuido por mi madre : “Qué triste está mi niño”. Fuera su propia tristeza, quizás la de ambos o la de todas las madres y niños en el inicio de preescolar, para mí, al igual que el color de las hojas de vid en otoño, es indescriptible lo que sentí en ese momento. No puede ser definido por una palabra cómo tristeza. Sí con un poema, una canción, una danza . El arte es capaz de narrar lo inefable.
Si se me hubiese realizado una psico-evaluación a partir de mi aparente experiencia externa: No hablaba con mis iguales, no jugaba con otros niños, me retiraba cerca de los árboles y lejos de todo los demás…pero.
Os voy a confesar un secreto…

Me sentía enormemente vivo y conectado, es  impresionante saltar de palmera a palmera, escavar en la tierra mojada, meter mis manos en el barro, encontrar un palo y buscar lombrices, observarlas, trepar …

Mi experiencia era ante todo corporal, intensa, brillante, mágica, aventurera, aunque desde afuera apenas hablaba, y no jugaba con otros niños.Mi contacto interior con mi mismidad y los elementos era vital . El patio de tierra.

 

Entonces…

Os cuento que ocurrió ,  no recuerdo exactamente cómo pero os diré que:
Lo primero fue su mirada, sus ojos y mis ojos se fundieron en un encuentro íntimo,( ya escribiré otro día sobre los Encuentros Íntimos Verdaderos). Yo estaba fascinado mirando lombrices en el barro, cuando alcé la mirada y pude ver, mi asombro brillar en sus ojos, inmediatamente me  di cuenta del poder del asombro.Sí, esa cualidad humana, que hace que te brillen los ojos. Sé que el otro niño,   pudo ver su asombro en mis ojos,  operó la magia del vínculo y nació mi primera amistad, os presento a , mi Primer Amigo.

Nunca entendí que el era sordomudo, me fue imposible entender la actitud asociada que reflejaba el mundo adulto, de que algo explicito no funcionaba bien en él. No me pareció  que tuviese problema alguno con la comunicación, es más él, fue el niño con el cual compartí mayor comunión, comunicación, juego y entusiasmo en mi primer año de colegio. Si el niño que no hablaba y jugaba con los gorriones, yo, empezó a jugar con otro niño que no hablaba.

La conexión operaba más allá de la palabra, pues no había palabra. Un gesto , una mirada , sonrisas, carreras, una mano que te coge, un empujón , un trepar encima del otro, era más que suficiente para sincronizar nuestro juego, mostrar nuestros sentimientos, nuestras inquietudes, deseos e impulsos. Comunicar sin palabras. Uno de mis maestros en el “Ars Amandi”.
Entonces, sucedió en mí…

La expansión que te brinda el sentimiento de seguridad, el entusiasmo, el brillo en  los ojos.Empecé a jugar con otros niños, a veces con mi primer amigo, a veces sin él. Quién, como buen iniciador no me poseyó sino que me dio alas, yo tampoco le poseí a él, así que nunca hubo una relación simbiótica posesiva.

Los  dos habíamos sentido antes el poder de la relación que uno establece consigo mismo, (tú,  lo has sentido?, sí me refiero a ti)…

Sé que esos días de mutismo previos, de  contacto interno, fueron meses según mi madre, tuvieron algo que ver, no sé si mucho o poco , pero sé, firmemente que, yo no sería el mismo sin; las horas de recreo a solas, sin la tierra del patio , sin los gorriones a quienes ofrecía mi almuerzo, sin las lombrices de tierra, sin alas y sin él.
Un día, finalmente, tuvo que irse a otro colegio, desde el mensaje adulto de profesores, padres y madres, llegaba que ese otro colegio iba a ser mejor para él, donde su “problema de comunicación podría mejorar”…

Llegó el día, aún recuerdo la unidad de la clase. Unidad no expresada en palabras pero sí sentida.Todos los corazones de la clase, del colegio entero,  estaban  unidos en la certeza. Nuestro colegio público, era el mejor colegio para él. Nuestro colegio,  donde nació nuestra amistad y no donde imperativamente  se iba a ir.

La despedida fue como el primer encuentro, nos miramos mutuamente a los ojos, en sus ojos pupilas, sólo hubo brillo. El nunca te hacía sentirte pequeño, nunca le vi sentirse poca cosa, nunca me sentí desvalorado en su compañía.

Así que fue una despedida sin despedida, fue un adiós con un hasta siempre, como el que le brindas a veces al amor o el amor sea quien te lo brinde a ti mismo.

Después en mi vida adulta fueron  las despedidas sin despedidas, cuando pese a la aparente separación continua todo y todo acaba al mismo tiempo.Esto irá para otra carta, atento lector.
Pasó un tiempo hasta que volví a saber de él , no sé cuanto, si meses o años, pero lo que sí recuerdo es que desde entonces, en cada encuentro que nos ha deparado el destino, cada vez que ha ocurrido, cuando me miro en tus ojos,me siento brillar.
Simplemente brilla.

 

la bicicleta de mi vida

El autor

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